Alas de realidad

Siento haber tardado tanto en volver a escribir, pero estaba de vacaciones. Aquí va el segundo capitulo de mi libro.

Capítulo 2.
Llegué a casa y mi madre todavia estaba en el trabajo, aproveche para hacer todas mis tareas y asi no pensar en Cam. Cuando hube terminado me quedé pensando en el trabajo de Astronomia, habia que entregarlo en dos semanas y si queria tener buena nota deberia empezar ya, además contaba un cincuenta por cien de la nota y no estaba dispuesta a permitir que un estúpido, egocentrico y demasiado apuesto chico nuevo me hiciera suspender. Me fijé por primera vez en los números de mi brazo, Cam tenia una caligrafía exquisita y eso que solo estaba mirando los números, parecian escritos con pluma, eran afilados, delicados y elegantes. Finalmente decidí llamar, cogi el movil y marqué…
-¿Si?- me lo cogió al primer tono.
-Cam, soy Shelly, ya sabes para que llamo.
-Pensaba que no llamarias nunca preciosidad.
-Deja de llamarme de esa manera ¿entendido?
-Ja ja ja, tranquila cuando me lo pidas como es debido dejaré de llamarte así. Pero ahora hablemos del trabajo, te diré cuando empezaremos mañana en cuanto nos veamos, adiós preciosidad.- colgó.
Para eso le llamé, para que se metiera un poco conmigo y me colgara, esta vez se iba a enterar de quien era yo.
Mi madre entró como un huracan en casa, estaba empapada de pies a cabeza por una inesperada lluvia. Puso cara dubutatiba al verme mirar con cara asesina mi movil, pero no hizo ninguna pregunta, cosa que agradecí, me dió un beso en la frente y subió a su habitación a cambiarse. Mientras la esperaba me asomé a la ventana a ver la lluvia, seria una de las últimas veces que la viera porque se acercaba el verano, observar como caia cada gota como si el tiempo se parase conseguía tranquilizarme mucho y ese dia lo necesitaba. Mi madre bajó con su pijama de pollitos color amarillo y me sugirió que fuera a ponerme el mio. Subí a mi habitacion y me puse mi pijama de vaquitas morado, antes de bajar dejé el movil en la mesita y le dediqué una última mirada asesina.
Mi madre no era muy buena cocinera, siempre me habia dicho que era mi padre el que cocinaba deliciosos manjares cuando eran jóvenes, pero ahora tenia que ayudarla yo para que no se quemara toda la casa. A mi madre le dolia hablar de mi padre, pero siempre se le dibujaba una sonrisa en la cara, decia que se parecia mucho a mí, que mi pelo rubio era casi identico al de él y que mis grandes ojos verdes cambiarian con el tiempo hasta tener el mismo verde que tenia mi padre. Esto lo aseguraba diciendo que a mi edad él los tenia exactamente del mismo color.
Cenamos pollo al horno con patatas fritas, mientras, mi madre, me hacia las típicas preguntas de como me habia ido el dia. Cené rápido, ayudé a mi madre a fregar los platos y subí a mi habitación. Me asomé por última vez a la ventana en ese dia para ver la lluvia transformada en tormenta de verano, cuando acrqué más la cara al cristal un rélampago me sobresaltó, pero no por estar muy cerca de mi casa sinó porque su forma, era la de un ángel en pleno vuelo, era algo que me hubiera gustado fotografiar. En ese momento me acordé del colgante que me había golpeado la cabeza esa mañana, me aparté de la ventana y cogí la cajita, la abrí y me quedé mirando el colgante, era realmente bonito, al final decidí ponermelo y me fui a dormir.
A la mañana siguiente me desperté de un salto, habia tenido una pesadilla, aunque no recordaba muy bien lo que ocurria, cuando intentaba visualizarla solo aparecian imagenes borrosas en mi cabeza así que decidí dejarlo estar. Me puse mis pantalones cortos vaqueros y una camiseta de tirantes algo escotada de color azul rey. Desayuné rápido y me fui a el instituto. Astronomia tocaba a última hora así que no tendria que verle la cara a Cam en toda la mañana, tal fué mi suerte que no lo vi ni en la cafeteria.
Entré de las primeras en clase de Astronomia y me senté, después de mí llegó Cam y se sentó a mi lado.
-Hola preciosidad- ni siquiera le respondí.
Me pasé toda la clase ignorándolo, intentando ni siquiera mirarle, cosa que me resultaba dificil ya que el ponia en marcha todos mis sentidos. Cuando sonó el timbre me levante corriendo y me fuí al servicio a vaciar el depósito, cuando salí de uno de los lavavos el estaba allí.
-Vaya hoy has pasado de mí- yo ya me esperaba que dijera algo asi.
-¿Y porque tendria que hacerte caso? No me interesas lo más mínimo.
-Entonces, ¿porque llamaste?- me miró fijamente con esos ojos grandes de un verde infinito, que lo único que desprendian en aquellos momentos era puro sexo.
Cam tenia la capacidad de hacer que todo mi cuerpo respondiera ante él, si no supiera que no es posible diria que eso no era humano.
-Porque el trabajo si que me interesa- me costó mucho responder ya que el estaba muy cerca de mi.
-Está bien entonces será mejor empezarlo- chocó su nariz con la mia y empezó a aproximarse a mis labios.
No podia moverme, estaba paralizada, queria salir de ahí pero mis labios deseban tocar los suyos, tan perfectos, tan espongoso. Cuando estaba a punto de rozar mis labios, se separó de mi, me guiñó un ojo y se fué, pero antes de cerrar la puerta habló.
-Esta tarde paso a recogerte- se marchó sin decir nada más.
Yo habia sido una tonta, iba a dejarle besarme y el lo sabia, ahora podria meterse aún más conmigo. Me continué maldiciendo todo el trayecto hasta casa y una vez llegué me di una ducha de agua fría. Cuando salí envuelta en una toalla oí que llamaban al timbre. Me puse unos pantalones cortos de cuero negro que tenia encima de la cama, una camiseta de tirantes de color blanco y una chaqueta corta de cuero negra. Bajé las escaleras corriendo y hasta el recibidor con el pelo empapado, no me habia dado tiempo a secármelo. Abrí la puerta y allí estaba el apoyado sobre el marco y con la cara de chulo a juego.
-Valla, ¿pretendes provocarme preciosidad? porque no te conviene.
-No pretendo nada contigo, es solo que me has pillado en la ducha.
-Suelo ser oportuno. ¿No vamos dentro?
-No, mejor vamos a la biblioteca- no me fiaba de el y no iba a entrar en mi casa- espero que no tengamos que hacer ningun trabajo más juntos.
-Ni yo, yo prefiero que hagamos otras cosas- sonrió maliciosamente cosa que acompañó con un guiño.
Hize caso omiso a lo que habia dicho, pero me detuve en seco al ver una monstruosa moto negra a lo lejos.
-¿No pensarás que vayamos en eso verdad?- mi mirada de terror le hizo gracia.
-No pienso ir a pié y prefiero las motos a los coches-me miró fijamente- ¿Esque tienes miedo princesa?
Le heché una mirada asesina y empezé a andar enfurruñada hacia la moto, cuando casi habia llegado miré hacia atrás, Cam habia desaparecido, de repente choqué contra algo, Cameron. Me quedé donde estaba, pensando en como habia llegado tan rápido y no me di cuenta de que tenia la cabeza apollada en el pecho de Cam y que el me tenia cogida por los brazos. Pronto hizo su observación sobre el tema.
-¿Piensas quedarte pegada a mi para siempre?- levanté la cabeza para mirarlo y enarcó una ceja- porque no me importaria.
Me aparté bruscamente inhalando su olor por el camino. Olía a lluvia, a tormenta, a brisa marina, a cascada situada en la parte más encerrada del mundo, si el cielo tuviera una fragancia sin duda sería aquella.
Cam me dió un casco negro, subió a la moto y puso el motor en marcha, luego me miró.
-¿Que ocurre cielo?
-¿No piensas ponerte un casco?
-Tranquila preciosidad no me pasará nada- sonrió complacido por mi pregunta.
-Me da igual lo que te pase, pero si te abres la cabeza yo no quiero cargar con el muerto- subí a la moto con mucha agilidad a pesar de su altura.
-Ja ja ja, soy inmortal cariño- me guiñó un ojo y aceleró. Empezaba a cansarme lo de que me lo guiñara tanto y sobretodo para burlarse de mi.
Salimos disparados y no pude evitar gritar, Cam estalló en carcajadas. Me agarré a su cintura como si me fuera la vida en ello, a Cam parecia divertirle mucho. Ibamos tan rápido que no sabia ni por que carretera ibamos pero cuando bajé lo descubrí.
Se apretaba tanto a mí que podia sentir el ritmo de su corazón, rápido, desbocado, con la adrenalina recorriendo cada una de sus venas.
-¡Esto no es la biblioteca! ¡Es un maldito descampado!- sentia como si el corazón se me fuera a salir del pecho.
-Bueno pensé que necesitavas un respiro así que te traje aquí.
-¡Pues no lo necesito vamos a hacer el trabajo o llévame a casa!
-Estás paranoica perdida gritando y roja como un tomate y todavía me dices que no necesitas un respiro. No voy a irme de aqui ahora, así que puedes hacer dos cosas, tumbarte conmigo a mirar las estrellas o gritarme mientras lo hago yo.
Me puse delante de el y me fui acercando poco a poco a su boca, cuando estaba a punto de besarle choqué mi hombro con el suyo y me tumbé alejada de el. Cam vino y se tumbó a mi lado.
-No estas relajándote- no podia mirarle, no si me encontraba con esos ojos de un verde infinito.
-No puedo contigo tan cerca de mi.
-Bueno siempre puedo ponerme mas…- no le dejé terminar la frase.
-Lejos, gracias.
Ignoró lo que le decia y se acercó mucho más, noté su mano en mi cintura, tenia medio cuerpo aplastado por su peso, por sus músculos, se fue acercando cada vez más hasta que sus labios empezaron a rozar los mios. En ese momento sonó mi movil y los dos nos levantamos de golpe.
-¿Mamá?- solo oia a una mujer despotricando.
-Shelly, gracias a los ángeles, ¿se puede saver donde estás?- mi madre tenia una extraña mania de agradecerselo todo a los ángeles y rezarles por las noches.
-En la biblioteca, ya iba hacia casa.
-Podrias haberme avisado o dejado una nota.
-Lo siento mamá no lo habia pensado.
-Bien- soltó un bufido- no tardes que es hora de cenar.
-Vale mamá, hasta luego.
Me di la vuelta y vi a Cam cruzado de brazos esperando a que terminara de hablar.
-Sube te llevaré a casa.
Bajé de la moto unas calles antes de llegar a mi casa por si mi madre estuviera mirando por la ventana, las motos la horrorizaban y no quería asustarla. Cam aparcó la moto y me acompañó todo el camino, cuando estaba a punto de poner las llaves en la cerradura se puso delante de mi impidiéndomelo, me agarró de la cintura, posesivo, y se acercó a mis labios. Esta vez no iba a dejar que creyera que me gustaba, le rodeé la cintura con un brazo y acabé de abrir la puerta, di una vuelta de manera que ahora yo estaba situada detrás de el y delante de mi puerta y entré en casa, cerre de un portazo. Después de una discusión acalorada con mi madre de lo preocupada que habia estado me fui a la cama sin cenar, de comida no era precisamente de lo que me sentia hambrienta, o al menos no de la calse de comida que se encontraba en mi casa.
Al dia siguiente después de una noche en vela por culpa de pesadillas que no lograba recordar me di un largo baño. No solia hacerlo pero faltaba una hora para que sonara mi despertador y no podia dormir. Una vez seca me hize una trenza francesa, me puse un pantalón corto blanco de chándal y una camistea de tirantes azul pastel, mas tarde me hize el desayuno y tambien preparé el de mi madre para llevárselo a la cama. Le hize su desayuno favorito, café puro con tostadas de mermelada de ciruela y subí las escaleras hacia su habitación con un ámplia sonrisa en la cara.
-Vaya, es mi cumpleaños- soltó una risa tan aguda que me hizo sonreir también.
-Muy graciosa.
Una vez nos despedimos me encaminé hacia mis clases, llegué bastante tranquila pero el nerviosismo se me hechó encima como un huracán al ver la monstruosa moto de Cam en el aparcamiento, esa moto que tan solo el dia anterior me había llevado a un descampado para luego devolverme a la seguridad de mi hogar. De repente temí que Cam pudiese haberse enfadado conmigo por darle con la puerta en las narices, pero deseché la idea ya que más enfadada tendría que estar yo por no llevarme al lugar al que habiamos acordado ir. Pero en un arrebato de intentar demostrar mi madurez me prometí a mi misma que hablariamos esto como adultos y le pediria educadamente que me deajara en paz. Entré en clase de Astronomia muy rápido y me senté al lado de Cam que no se dignó ni en mirarme, no me habia saludado con una de sus sonrisas de creido.
-Mala señal- pensé.
-Me gustaria hablar contigo después de clase.
-Como quieras- no hizo más preguntas al respecto, se limito a tomar apuntes y no abrió la boca en toda la calse.
Cuando ésta finalizó agarré a Cam del brazo y lo arrastré al lavabo de chicas.
-¿Que haces? ¿ Es que pretendes violarme, princesa?
-Eso es lo que a ti te gustaria, no se de que te quejas si has estado ya aquí y más de una vez. Necesito hablar contigo sobre ayer. Queria disculparme por haberte cerrado la puerta en las narices, no fué muy maduro por mi parte y también queria recordarte que la próxima vez que vayamos a hacer el trabajo vayamos a hacerlo en serio.
-Disculpas aceptadas cielo, ¿acaso temias que me hubiera enfadado contigo? ¿no te estrás enamorando de mi, verdad?…
-Porsupuesto que no- vociferé- solo queria ser educada con una persona normal.
-No soy una persona normal, conmigo debes tener algo más que educación- su sonrisa de creido volvió de inmediato.
Abrí la boca para rechistar pero Cam se fue acercando hacia mi y me quedé bloqueada.
-Esta tarde paso a por ti y acabamos el trabajo que empezamos.- me miraba directamente a los ojos, parecia saber que aquello me derretia de dentro hacia fuera.
-Mejor empezamos el trabajo de verdad- me guiñó un ojo y salió del lavabo detrás de mi.
Cuando llegué a casa me heché en el sofá, exausta.
“Me encontraba en un lugar desconocido, estaba todo demacrado, como si se hubiera producido una gran batalla. No sabia como habia llegado hasta alli, lo último que recordaba era estar tumbada en el sofá viendo como mi madre se metia una galleta grande con trozitos de chocolate entera en la boca, para luego salir por la puerta y decirme que volveria tarde. Había un chico enfrente de mi, alguien a quien conocia y no esperaba ver en aquel extraño lugar conmigo…”

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Alas de realidad

Este es el primer capitulo de mi propio libro me hacia ilusión que lo leyera más de una persona y agradecería comentarios de opiniones (buenas o malas) sobre el capitulo.

Capitulo 1.

Me levanté sobresaltada por el despertador, eran las siete de la mañana de un Lunes cualquiera en Anges, lo apagué de mala gana y me fui a darme una ducha rutinaria para despejarme, ya que la última vez que no me despejé con una acabé bebiendo Fairy pensando que era mi vaso de leche. Como odiaba aquel despertador, era como mi portador de malas noticias, me indicaba que era muy temprano, que debía levantarme, que la jornada interminable de clases empezaba y me arrancaba de mis sueños.
Como de costumbre al salir de la ducha oí a mi madre gritar que el desayuno estaba listo y que iba a llegar tarde por entretenerme demasiado debajo del chorro. Me vestí lo más rápido que pude, con lo primero que pillé en el armario: unos tejanos y una camiseta de tirantes de color crema. Bajé las escaleras de dos en dos evitando dar un traspié aunque sin suerte; tenia las tortitas con el zumo de naranja sobre la mesa de la cocina y a mi madre corriendo y abriendo todos los cajones que se encontraban a su paso.
-Cielo, ¿has visto mi barra de labios?- dijo Selene, mi madre, con un tono dulce y maternal.
-No mamá, pero sube a mi habitación y coge el mio, puedes usarlo si quieres.
-Gracias Shelly- sonrió de oreja a oreja y subió los escalones de dos en dos, dando trompicones.
Lo último que vi antes de caer al suelo fueron los pies de mi madre sobrevolando el último escalon. Cuando conseguí levantarme busqué en el suelo de la cocina lo que me había golpeado tan fuerte en la cabeza. Era demasiado bonito para que alguien quisiera tirarlo y por su trayectória y a la velocidad que iba podria haberse caído desde una avioneta. Comencé a inspeccionar aquel objeto tan bonito fijándome en los detalles, el colgante que tenia en mi manos era realmente precioso, no parecia de este mundo. La cadena no estaba hecha de plata ni de ningún metal similar, parecía hecha con polvo plateado formando una fina cadena, nose como algo que parecia tan delicado podía soportar lo que de el colgaba, un rayo del más suave de los metales con grabados espectaculares y muy delgados. Era un colgante bastante grandecito, probablemente fuera de un chico, pero perfectamente podria llevarlo una chica.
Mi madre bajó corriendo las escaleras y puso una cara de horror que recordaré toda mi vida al verme en el suelo y la ventana rota.
-¿Que diablos ha pasado aquí?- movió las manos histéricamente como si acabara de estrellarse un submarino en la cocina.
-Había un par de niños jugando y al perecer una de las piedras que se estaban lanzando a acabado en casa- sabia que si le decia la verdad a mi madre iria a buscar al dueño del colgante para hacer que se lo tragara y pondria una denuncia a la cristaleria por no hacer los cristales resistentes a los colgantes voladores, o pensaria que alguien quiere matarnos y nos mudaríamos.
-Siempre a nosotras, pondré una madera en la ventana y cuando vuelva de trabajar llamaré al seguro para que lo repare, también podria denunciar a la cristalera por no hacer sus cristales resistentes a las piedras, ¿y si un dia cae un meteorito? moririamos por culpa de unos cristales de calidad y resistencia pésima. ¿Tu te encuentras bien, cielo?
-Si mamá, vete o llegarás tarde a trabajar.
-Oh si, el trabajo, acabate el desayuno y ¿seguro que no tienes ningún chichón ni nada?
-No mamá- mentira, tenia uno del tamaño de Las Vegas detrás de la cabeza- anda vete ya, ¿no querrás perder el trabajo verdad?
Me dedicó una sonrisa que devolví y se marchó. Subí a mi habitación con una bolsa de hielo en la cabeza y meti el colgante en una cajita de madera que llevaba grabado mi nombre, luego cogí mi mochila y me encaminé hacia el instituto.
Llegué al aparcamiento que había que atravesar para llegar hasta la puerta principal, y fui abanzando entre los coches aparcados. Había el mismo número de coches que de chicos populares por dos razones, la primera esque estos eran los más ricos de Anges, y la segunda que para ellos todo machito que se precie debe tener uno para llevarse a las churris a casa. Si a esos castillos que tienen se les puede llamar casa. Justo delante de la puerta, en la última plaza de aparcamiento, había una moto enorme de color negro, me llamó mucho la atención porque ningún popular llevaba moto, ya que para ellos sentarse a horcajadas no era muy sexy, y los alumnos normales no podian costearsela o no querían, esto solo podia significar una cosa, alumno nuevo.
Atravesé la entrada de el instituto y me dirijí a clase de Astronomia, llamé a la puerta antes de entrar y cuando lo hize todos me miraron pero enseguida volvieron la vista a sus apuntes. El profesor me lanzó una mirada de reproche que yo capté a la primera y me disculpé por el retraso. Cerré la puerta tras de mi y me senté al lado de mi mejor amiga Loraine.
-Has llegado tarde ¿qué ha pasado?- puso esa típica mirada interrogante que ponia cuando queria enterarse de un cotilleo.
Loraine era muy fantasiosa, esperaba que le dijera que me había enrollado por el camino con un buenorro y que me iba a casar la semana que biene. A veces me costaba mucho trabajo mantenerla con los pies en la tierra pero no me importaba, seguiria cuidándola ya que para mí era como una hermana. Además a Loraine no le costaría mucho conseguir su cuento de hadas, era tan bonita que conseguiria sin problemas a su principe azul, tenía unos ojos color miel increíbles y un pelo liso castaño claro que muchas envidiaban, su figura era bastante espectacular, así que no tenia ningún problema en cuanto a conseguir citas o parejas para bailes, aunque nunca se acercaba a los populares porque los consideraba unos estúpidos y además tenian un ego aplastante.
-Es una historia muy larga- que ella estaria dispuesta a escuchar, y a hacer mil preguntas sobre ella, en cuanto tuviera oportunidad.
-Te has perdido un notición, hay un…..-se quedó callada de repente, cosa poco normal en ella, una habladora nata.
Cuando alzé la vista hacia delante para saber que era lo que la había hecho callar vi que el profesor estaba enfrente de mi mirándome con el ceño fruncido.
-Señorita Halliwell, he pasado por alto lo de llegar tarde porque no es una alumna que suela llegar a éstas horas, pero se distrae con demasiada facilidad, como profesor debo preocuparme por su apredizaje así que se sentará en primera fila con el señor Weiss, y usted señorita White se sentará con Hanna Smith. No me hagan perder más tiempo porfavor sean rápidas.
Cogimos nuestras cosas a regañadientes y nos sentamos con nuestros respectivos compañeros, pero cuando me senté al lado de ese tal Weiss me di cuenta de que no lo había visto nunca.
-Bien, atiéndame todos, quiero que hagan un trabajo en parejas, para que esto no sea un caos de gritos lo harán con quien tienen al lado, en ese trabajo quiero ver un estudio sobre el movimiento de las estrellas y añadirle fotos o esquemas, no me hagais los aburridos trabajos del trimestre pasado o ya sabréis cueles serán vuestras notas.
Justo hoy que me separan de Lorain tiene que poner un trabajo por parejas y encima no conozco al tipo de al lado. Miré asustada a Loraine que parecia igual de asustada que yo, pero de pronto cambió su semblante y me guiñó un ojo. Eso bastó para que supiera en que estaba pensando, que el chico que tenia al lado estaba cañón y que tenia suerte de estar con él.
-Hola, esto… ¿como te llamas?- solo queria ser amable ya que teniamos que pasar juntos algún tiempo para hacer el trabajo y era mejor llevarse bien.
-Cameron, pero llamame Cam- lo dijo con evidente indiferencia.
-Bueno Shelly entonces ¿me llamaras verdad?- no se habia dignado ni a mirarme en ningún momento.
-¿Como dices?- arqueé una ceja ante tal comentario.
Ni siquiera contestó se limitó a sonreir y mirar el libro que tenia delante, pero hize como si no hubiera oido nada y lo intenté de nuevo.
-¿Cuando empezamos el trabajo?
-Cuando tú me llames- me miró durante un segundo escaso y enseñó su perfecta dentadura.
Me quedé parada, no habia visto ser más creido y guapo en mi vida, tenia unos ojos de un verde imposible, era como mirar una tormenta eléctrica, su pelo era perfectamente liso tan oscuro como la noche, cortado hacia un lado, su nariz era del tamaño perfecto y sus labios voluminosos, no parecia un ser real, no podia existir nadie con tanta belleza y arrogancia en un solo cuerpo.
Me volvió a mirar con esos ojos imposibles y me agarró por el brazo acercándome más a él, reprimí un grito porque aunque fuera asquerosamente apuesto me daba miedo, pero esa clase de miedo que acelera el corazón y hace que pierdas el culo corriendo. Me costó un gran esfuerzo estarme quieta mientras escribia algo en mi brazo, sobre todo porque estaba más cerca de él y queria lamerlo entero. Pero es deseo se desvaneció al ver que escribia su teléfono movil, ¿de verdad esperaba que lo llamara? Iba a decirle cuatro cosas cuando sonó el timbre para cambiar de clase. Cam se levantó enseguida y se precipitó hacia la puerta, su cuerpo era proporcional a la belleza de su cara, mediria cerca del metro ochenta y cinco, parecia muy robusto y era puro músculo miraras donde miraras, tenia una piel dorada, deliciosamente bronceada, era todo un monumento.
Acabé de guardar mis cosas en la mochila y me enfrenté a la mirada picarona de Loraine, sabia que ahora tendria que combatir una marea de preguntas.
-Veo que harás un buen trabajo- soltó una despreciable risita tonta.
Le dediqué una mirada asesina- Pues yo no lo creo tanto, no me gusta nada ese chico y no quiero hablar más de ese tema, además es un poco raro.
-Sí, raramente cañón. Si no lo quieres tú me lo pido.
-Para lo único que lo quiero es para hacer este trabajo, para lo demás es todo para ti.
Me dirigí hacia la siguiente clase con paso ligero para no tener que hablar más del monumento que estaba hecho Cam. Lo más interesante en las dos siguientes horas fué que la profesora de matemáticas casi se cae de culo al resbalar con un folio de papel, pero almenos no tube que lidiar con Cam ya que no concidiamos en esas clases.
Era la hora del recreo y me encontraba sentada en una de las mesas de la cafetería cercanas a la puerta con Lorain, Lisa, Daniela, Meisi, Sunny y Leonor, yo estaba distraida rezando por no encontrarme a Cam en ninguna clase y en conclusión en ningún sistio más cuando Sunny empezó a hablarme.
-¿Y ese numero de teléfono de quien es?- su voz sonaba tan curiosa como lo era ella.
-Del chico más cañón del “insti” chicas- Lorain puso una sonrisa maliciosa al decir esto.
-¡Dios mío! ¿Es de Brad?- supongo que Leonor también tenia su punto curioso.
-No, es de un chico nuevo, pero me lo ha dado solo para que pueda contactar con él por un trabajo de Astronomia.- creo que lo expliqué bastante claro pero no tardaron en trajiversar mis palabras.
-Ah, ya entiendo- esta vez hablo Lisa- así que irás con el hasta las estrellas picarona.
Nuestra conversación se vió interrumpida por la entrada estelar de Alejandra Legendre en la cafetería. Era la chica más popular de el instituto y aunque a mi me parecia más guapa Lorain habia que reconocer que Alejandra tenia su punto. Tenia un pelo largo de color canela claro que manejaba a gusto, unos dias lo planchaba y otros le hacia unas ondas perfectas, sus ojos eran de colo azul claro con una mata de pestañas bañadas en rímel y su cuerpo rozaba lo perfecto. En ese momento entro Cam a la cafetería y Alejandra le puso los ojos encima, se quitó sus gafas de sol de Armani y se retoco el gloss en tienpo récord. Luego pasó a la acción.
-Hola nuevo- su amplia sonrisa apareció frente las narices de Cam quien tubo que frenar en seco para no chocarse contra ella, que le habia interceptado de repente.
-Hola preciosidad- le dedicó una sonrisa con una hilera de dientes blancos perfectos.
Alejandra rió tontamente y fué directa al grano.
-¿Te apetece quedar esta tarde cielo?- tenia puesta en la cara esa máscara de victória cuando Cam dijo algo que ella ni en un millón de años pensaba escuchar.
-Lo siento, pero espero una llamada- me miró de reojo, sonriendo maliciosamente, dió unos cuantos pasos hacia mi, los suficientes para hacer que todos mis sentidos se pusieran alerta, y me guiño un ojo, luego desvió sus pasos y fué a sentarse unas mesas más allá, con los jugadores de fútbol americano.
Era raro que aunque los jugadores fueran muy fuertes y brutos Cam pareciera que tenia más masa muscular que ellos, aunque era solo un suponer porque no habia visto a ninguno de ellos desnudo y eso que ver a Cam no me importaria. Parece que es bastante social y popular ya que los jugadores no se sientan con cualquiera. Solo espero no tener de compañero de trabajo a otro polurar más, aqui, sobran.
Me levanté de la mesa con la escusa de que necesitava ir al servicio, pero en realidad queria alejarme de Cam y de los pensamientos que hacia que aparecieran en mi cabeza. Al final acabé en el servicio, entré para lavarme la cara y cuando me miré al espejo me heché a reir, la cara que se le había quedado Alejandra no tenía precio y creia que nunca la iba a ver ponerla.
Estaba secándome la cara empada cuando oí un ruido y me giré. Era Cam saliendo de uno de los lavavos, era imposible que estubiera allí sin haberme dado cuenta de que entraba ya que cuando yo salí de la cafetería y entré en el servicio el seguia allí.
-Oye ¿te has perdido? este es el servicio de señoras- le espeté.
-Eso ya losé, por eso he venido aquí a buscarte. Tienes una risa muy bonita preciosidad.
-Oh, ¿preciosidad? ¿A caso vas a usar las mismas técnicas de ligoteo conmigo que con Alejandra? Pues te explicaré la diferencia, conmigo no funcionan.
-¿Ahora me espias?- tenia una amplia sonrisa en la cara que lo hacia estúpidamente irresistible.
-Alejandra siempre es el centro de atención y cuando no lo es monta un numerito para serlo, si estás a su lado tienes que acostumbrarte a que todos sepan qué estás diciendo ya que se estarán fijando en ti.
-Gracias por la explicación mamá- su tono burlón me irritó de verdad.
-¿Me buscabas para algo más que cabrearme o era solo eso?
-Lo siento preciosidad, esa no era mi intención. He venido porque queria asegurarme de que no te olvidabas esto.- Empezó a avanzar hacia mi.
Estaba tan cerca que notaba su aliento en mi boca, no podia retroceder más porque tenia detrás los lavamanos, paró de acercarse cosa que agradecí, aunque mis hormonas bailoteaban por todo mi cuerpo y mi corazón iba a mil por hora. Me cogió el brazo y me puso en la mano la manzana que me habia dejado en la mesa de la cafetería, luego me cogió la barbilla para levantarme un poco la cabeza y le mirara a los ojos, me guiñó uno y se fué. Pude respirar por primera vez en todo ese eterno momento.

Los sangre azul (ID)

Dejo la información destacada de Los Sangre Azul.

Schuyler Van Alen asiste a la elitista Duchesne School, un lugar en el que no encaja en absoluto. Aunque pertenece a una familia de abolengo, el poder y la riqueza de ésta llevan ya décadas en declive, y ni su ropa de segunda mano ni su propia personalidad solitaria parecen tener nada que ver con sus compañeros de clase. Aquél es el ambiento propio de tipos como Mimi y Jack, los guapos hijos gemelos del magnate de los medios de comunicación Charles Force, cuya esposa, decana del circuito social de Nueva York, preside los más prestigiosos comités de caridad de la ciudad.

Una noche, Schuyler decide abandonar su solitaria rutina de música, televisión y videojuegos para ir a The Bank, un club de música trance. Allí se encuentra con Jack Force, quien de repente parece mostrar mucho interés en ella. Esa misma noche, una compañera suya muere en Block 122, el club situado justo al lado de The Bank, y nexo de unión de la moda y las celebridades. Poco a poco, Schuyler descubrirá que tiene mucho más en común con Mimi, Jack, e incluso con la chica asesinada, de lo que ella creía…

Oscuros (ID)

Aquí dejo información destacada de Oscuros.

Durante una oscura noche de 1854, encerrado en su habitación de la mansión de la campiña inglesa, él no puede evitar dibujarla, con el máximo detalle, como un modo desesperado y absurdo de intentar quitársela de la cabeza. Aunque sabe que eso nunca será posible. Mientras las tinieblas lo envuelven, repasa, a la luz de las velas, el contorno de sus ojos y de sus labios, para llevarse un recuerdo antes de marcharse definitivamente de allí, para intentar poner remedio de una vez por todas a aquella situación en la que están metidos. Es entonces cuando ella entra en el cuarto y, sin necesidad de verlo, siente que la está dibujando.

A pesar de que él intenta alejarla, consciente de lo que sucederá si finalmente sus cuerpos se unen, una irresistible y poderosa fuerza los va atrayendo, paso a paso, hasta acabar uno en brazos del otro y, finalmente fundirse en un beso que ambos desean más que nada pero que él sabe que no deberían darse, un beso que detiene el tiempo… Y del que Lucy Price, más de ciento cincuenta años después, recién ingresada en el reformatorio Espada y Cruz, nada sabe, absorta como está en contemplar y rehuir a la vez la penetrante mirada de Daniel Grigori, otro de los internos, por quien siente una atracción especial y una sensación extrañamente familiar nada más verlo por primera vez.

Meridian

En este libro de Amber Kizer descubrirás otra realidad, algo nuevo del mundo de los muertos,  cosas que suceden de las que no te das cuenta, pero las personas involucradas si. Dejo la sinopsis.

Cuando alguien muere, su alama, su energía, no desaparece, se transforma. Si hay una Fenestra cerca, podrá cruzar la ventana e ir al cielo. Si por lo contrario se encuentra con un Alternocti, éste arrastrará el alma hasta el infierno. Meridian Sozu es una Fenestra. Aún no lo sabe. pero está destinada a prolongar un largo linaje con una misión muy importante… y peligrosa.

Temblor (ID)

Voy a dar información destacada sobre este libro (ID), esta información la he podido sacar del mismo libro ya que aparece detrás de la portada.

Hace años cuando Grace aún era niña jugando en su jardín, una manada de lobos la atacó por sorpresa y la arrastró hacia la espesura del bosque. Aquellos fieros animales la rodearon y olisquearon dispuestos a alimentarse de su pequeño cuerpo. Pero algo inesperado sucedió: un lobo de extraños ojos amarillos salió de la jauría para defenderla, y permitió a la indefensa niña conservar su vida. Desde ese momento, Grace no ha podido olvidar al misterioso ser que la salvó, cuya silueta todavía hoy espera ver al otro lado de los ventanales, cuyos aullidos sigue oyendo en la noche, con el vivo recuerdo de aquella mirada en la que atisbó una pizca de humanidad…

Desde hace mucho tiempo, Sam lleva observando a Grace en la lejanía. Aun consciente de que ambos pertenecen a mundos distintos, siente que debe atraer su atención de algún modo. Puede que la dulzura del verano en su piel, o tal vez sea la cadencia casi familiar de su voz… Una cosa está clara: pronto sus vidas se entrelazarán para siempre y nacerá un amor más allá de lo imposible. Cuando eso suceda, ambos desearan que el invierno no llegue jamás, que el otoño dure para siempre.

Melissa de la cruz

Nacida en Manila en 1971, a los doce años se trasladó a junto con su familia a San Francisco. Estudió Filología inglesa e Historia de Arte en la Universidad de Columbia, Nueva York, en donde se interesó por la moda, afición que la ha llevado a ser colaboradora habitual en prestigiosas revistas y periódicos. De su amplia obra literaria merece la pena resaltar sus series de novelas para adolescentes: The Au Paris, The Ashleys y Los Sangre Azul, que han sido galardonadas con diversos premios.